AMSTERDAM
Là, tout n’est qu’ordre et beauté,
luxe, calme et volupté.
Hemos estado en Holanda.
En Amsterdam.
Nos ha gustado mucho.
Holanda es todo lo que algunos paises desarían ser
pero no lo logran., probablemente por falta de
imaginación y exceso de amargura.
Según hemos podido ver:
Los holandeses son alegres, corteses y amables.
No hablan todos al mismo tiempo,
Sin embrago les gusta hablar.
Y sobre todo explicar (ahora sabemos porqué no se
venden arenques en el mercado Albert Cuyp:
una ley de 1,910…)
No tienen vergüenza de haber sido un imperio
marítimo colonial.
Se constata una miscegenación feliz e interesante.
La comida es muy buena y se come y se bebe mucho.
Les gustan las fiestas.
Se toma tiempo para comer.
Se come mucha verdura… y está fresca y variada.
Personas super size me se ven pocas… y son turistas
la mayoría.
El transporte público es eficaz y puntual.
Schiphol es el único gran aeropuerto manejable y
presentable que conozco.
Hay flores por todas partes (muchas casas tienen un
jardincito pegada a la acera) y muchos detalles
decorativos.
La ciudad está construida sobre pilones sobre una
cienaga: muchas casas han cedido un poco con los
años, lo que da un leve aire de borrachera a las calles
antiguas, cada edificio inclinadose a un ángulo
diferente.
Muchas fachadas estan inclinadas hacia delante para
protegar de la lluvia. Y permitir subir los muebles a las
ventanas de los pisos con las poleas
que todos tienen.
Debido a un impuesto municipal sobre la anchura de las
fachadas, las escaleras son estrechísimas y muy
empinadas.
Son artistas con el ladrillo.
Muchas casas dejan sus ventanas sin cortinas por la
tarde: así se puede contemplar su acaudalado
bienestar.
Hay, comparado con la mayoría de las ciudades que
conosco, pocos coches.
Hay momentos de silencio en algunas de las calles
menos centricas..
El aire es respirable.
El agua del grifo es bebible.
Los canales están poblados de aves.
Se hace mucho deporte.
Los niños son educados.
Todo el mundo habla inglés (mejor que en Inglaterra.)
Hay edificios muy antíguos.
No destruyen su patrimonio.
La ausencia de vandalismo a nivel de calle
refleja esta virtud..
(Los graffiti son sin embargo, muy pobres.)
Existe siempre algo de sentido del humor, lo que
compensa sin duda la diligencia que impondrá la
tradición calvinista.
Signo de ello sería el autoretrato de Rembrandt
haciendo una mueca que recuerda la foto de Einstein
sacando la lengua.
O tal vez la Strippenkarte.
Jan Steen está siempre presente detrás de la
Ronda de Noche…
El ritmo de vida es marítimo.
Esclusas. Mareas. Barcos.
Los canales tienen los recorridos que tienen para que
los veleros pudieran aprovechar los vientos.
La prosperidad mercantil se mantiene sin stress.
El comercio es claro: se obtiene lo que se paga.
Hay muchos mercados.
Los precios son razonables – menos caros que en
España.
La legalización del cannabis no perece influir sobre el
orden público.
Como Holanda es un pais plano, se construyen torres y
agujas muy altas.
Algunos holandeses son también enormemente altos,
pero sin gigantismo degenerado.
La vida se desarrolla en un caos que se autoorganiza
sin roces.
Se ve pocos policías y menos guardias jurados.
Hay tolerancia porque hay respeto – y vice-versa.
Una anarquía auténtica.
El uso de la bicicleta es universal.
Al igual que los cosacos con sus caballos, parece como
si los holandeses aprendiesen a montar en bicicleta
antes de saber andar, lo que explicaría su extraordinaria
habilidad sobre dos ruedas.
Raro es ver un ciclista que
no esté a la vez hablando por teléfono, llevando en la
mano varios paquetes y/o transportando uno o dos
infantes, todo a la vez.
Pasan a milímetros los unos de
los otros, esquivan coches y peatones, se meten por
todos los sitios posibles… provocando parece ser,
muy pocos accidentes.
Tal vez la larga tradición del patinaje sobre lagos y
canales helados, que tantas veces se pinta, haya
contribuido a tanta pericia.
Sin embargo su manera de llevar la bicicleta es muy
intensa.
Visitamos el célebre museo Van Gogh.
Allí se ve la intensidad de su mirada en sus
autoretratos.
Esta es la intensidad que lleva la cara de un ciclista de
Amsterdam: otro aspecto sin duda del carácter
holandés.
Es mejor estar muy alerta y dejarlos pasar..
Tal vez por esto, los holandeses se convierten en tan
excelentes futbolistas.
En resumen:
Baudelaire tenía razón.
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