La linterna de Diógenes

DE VINOS Y REENCARNACIONES

Posted in Uncategorized by lalinternadediogenes on diciembre 26, 2008

Es curioso que los vinos sean casi todos prorrogativos de Duques, Marqueses y Condes, embotellados en Palacios, Castillos y Propiedades aristocráticas.

En ninguna parte se puede encontrar el Tinto Reserva del Siervo de la Gleba, ni el Tempranillo Crianza del Peón Jornalero, ni tampoco la Manzanilla Las Chabolas.

La Iglesia también está bien representada: Obispos, Santos, la Curia en general, Abadías, Prioratos…todos tienen su vinito.

Los Reyes, ellos, tienen derecho al brandy.

Uno de los caldos que más se consumen (en tetrabrik) y debajo de los puentes, se llama El Conquistador, otro, Gran Duque.

Me recuerda lo que decía Ayo, el de los arroces en la playa.


Este hombre, habiendo conocido a personas muy espirituales, etéreas y de la Nueva Era, comentaba que todas o casi todas ellas se declaraban reencarnaciones de Reinas, Princesas, Santas o brujas. Nadie había ocupado el cuerpo de, por ejemplo, Pepito el Cojo o la Señora de los Lavabos.


Persiste por tanto en nuestro estado de derecho, cierta nostalgia feudal. Una boda real tiene tanto poder de convocatoria como un partido de fútbol,… o más. La muerte de una Princesa hace fluir más tinta que la invasión de una nación. La familia real británica, haga lo que haga o lo que no haga, es noticia.

Hay también una nueva aristocracia. ¿Quién puede visitar el dentista, coger un periódico gratuito o encender la televisión, sin enterarse de la vida íntima de los famosos? En los autobuses y supermercados, sus hazañas suscitan tanto comentario como los juanetes de las vecinas.

Según Karl Wittfogel, cuyo libro

es fundamental para comprender los mecanismos sociales. (No ha sido traducido al castellano).  Hay dos formas de oprimir, manipular, explotar y controlar los “de a pie” (más políticamente correcto: “ciudadanos”.) Por un lado tenemos el despotismo oriental, cuyo origen está en las sociedades donde prevalecían primitivamente el riego, el riesgo de inundación, o el transporte por agua. Y por el otro, las estructuras sociales de las partes del planeta donde llueve: las feudales.


El despotismo oriental consiste en el acaparamiento, organización y control, por una casta de burócratas, bajo el mando de un poder imperial, de todas las cosas que fluyen: agua, electricidad, alimentos, dinero, transportes, información. La casa imperial suele ser hereditaria y las revoluciones: “de palacio”.

La casta burocrática por su parte, se perpetua por medio de exámenes al estilo chino antiguo, donde para ser funcionario del imperio, había que sufrir un examen sobre los textos clásicos; las “oposiciones” de entonces, que sobreviven con vitalidad en las administraciones napoleónicas de hoy.


¿No es la ambición de todo ciudadano ser funcionario y así tener la vida resuelta , además de su migaja de poder, o por lo menos ser salaryman en un banco, una empresa grande o una multinacional?

De lo contrario tendría que luchar para prosperar, o hundirse, en “lo privado”, en los subcontratos.

El despotismo oriental se encarna en un estado omnipotente y omnipresente, que desconfía de todos sus ciudadanos, obligándoles a poderse identificar y justificar en cualquier momento… para su propia seguridad…  por supuesto.

Todos somos sospechosos. Todos estamos vigilados. Es una estructura social que necesita una amenaza externa permanente, para justificar su control total a los ojos de los controlados. Si no existe tal amenaza, hay que crearla. 9/11. El sida. La gripe aviar. Las pandemias. El narcotráfico. Al Qaida. La pedofilia. Los inmigrantes…


La otra forma, la feudal, está casi extinguida. Está, o estaba, hecha de estructuras medievales, como en las grandes empresas japonesas donde (todavía en los años 70 de siglo pasado) en vez de despedir al personal superfluo, se le hacia repetir el mismo trabajo una y otra vez… y donde los mandos se reducían unilateralmente el sueldo si la cosa iba mal. (Es de suponer que hoy en día, estos estúpidos samurái habrán aprendido el realismo según Wall Street… o según los elegidos por el pueblo – cuya primera acción democrática al ser elegidos, suele ser subirse el sueldo…) El feudalismo a dos sentidos perdura en la mafia siciliana (o por lo menos en su versión cinematográfica.), en algunas artes marciales y en pocos sitios más.


Existían en el mundo feudal, nociones incompatibles con la Realpolitik. Por ejemplo el fair-play, por lo menos entre gentlemen blancos, y sentimentalismos caducos como honor, honradez, decencia, caridad, sacrificio, cortesía, respeto, dignidad y otras virtudes, hoy en día redundantes, y que por supuesto, no siempre se respetaban. De allí la hipocresía y el puritanismo que caracterizan estas culturas.

Existían sin embargo, en los países pos-feudales, y hasta tiempos muy recientes, el habeas corpus, el derecho a la intimidad y a la libertad de expresión (desaparecidos todos ellos después de las nuevas leyes patrióticas antiterroristas).

En Inglaterra, por ejemplo, sólo se impuso el carné de identidad durante la guerra de Hitler. Una de las primeras cosas que hizo el pueblo, (perdón…los ciudadanos…) terminada la guerra, aparte de no reelegir a Churchill, fue suprimir el carné. Incluso hoy, su re-implantación se está encontrando con resistencia, a pesar de las amenazas terribles de los enemigos de la libertad y la democracia.

En las películas anglosajonas de los años 20 o 30, se ve a la gente inscribirse en hoteles con sólo su firma, sin presentar “documentación” alguna, cosa impensable en las europeas de la misma época.

Piensa el ladrón, que todos son de su condición.

La contraparte de este mundo idílico ya perdido, era – y es todavía, me temo – el sistema de clases o castas donde los inferiores “saben su lugar” y donde los partidos políticos pueden vender títulos nobiliarios. (Hemos empezado hablando de vinos.) Abusos arrogantes que acompañan a un servilismo denigrante: un estado mental que se exporta a colonias y protectorados donde vive gente de “color”.

Claro, La Reina de Inglaterra es la mujer más rica del mundo y las riquezas norteamericanas está en las manos de un 1% de la población (población por cierto, que no tiene seguridad social ya que pedirla olería a “socialismo” – en otras palabras… a despotismo oriental – condición impensable para hombres “libres”, comedores de freedom fries.)

Tesis… Antítesis… Dialéctica de las dos maneras de dejarse oprimir…

… Hoy en día, de hecho,  se han combinado, parece ser, lo peor de las dos estructuras: el despotismo oriental en los aspectos funcionales, cotidianos de la vida: lo feudal en la manipulación (por estos nuevos deéspotas, las multinacionales, los bancos, la IMF)  la manipulación digo, de las masas ya no solamente laboriosas sino también consumidores.

Es como si Stalin hubiera dispuesto no solamente de la NKVD pero al mismo tiempo de una agencia de publicidad, donde el Dr. Göbbels (el de las mentiras repetidas mil veces) y Hugh Hefner estuvieron encargados de Relaciones Públicas, Comunicación y Marketing; todo aquello pertrechado con ordenadores, cámaras CC, detectores de metales, satélites espías y otros medios de seguridad.


¡Sintesis!

¡Bienvenido Mister Marshall!

Dijo Bertrand Russell:

There is no nonsense so errant that it cannot be made the creed of the vast majority by adequate governmental action.

No existe sin-sentido tan aberrante que no se puede convertir en el credo de la inmensa mayoría por medio de una acción gubernamental apropiada.

Me temo que tenía razón…



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