La linterna de Diógenes

EL COCHE Y LOS LEMMINGS

Posted in Uncategorized by lalinternadediogenes on diciembre 26, 2008

¿Cómo podemos estar seguros de que una cosa es nefasta?

Es fácil: se anuncia en la televisión. Más incluso que leche, teléfonos móviles, prestamos usureros, Red Bull, Actimel, chocolate, Coca Cola, o Cola Cao, se anuncian coches y más coches y seguros para coches y marcas de gasolina para coches.

Primera Ley de King*: Todo lo que se anuncia en la televisión es, ipso facto, nefasto.


El lemming es un pequeño roedor nórdico. Gracias a un mito bien enraizado (que la falsificación de las imágenes en un documental por los Walt Disney ha ayudado a perpetrar) se cree popularmente que los lemmings cometen suicidio en masa.

No es cierto en el caso de los lemmings… pero en el caso de la raza humana, parece que sí.

El coche nos está poseyendo. El ser humano, conocido por su credulidad (por no decir estupidez) se identifica con su coche. En vez de decir: “Tengo el coche aparcado en tal sitio “, dice:  “Estoy en la Calle Tal.”.

Una vez dentro de este vehículo ilógicamente concebido, nuestro lemming se encuentra aislado del mundo exterior por metal, cristal, plástico – y si presume de oligarca, también cuero y madera. Tiene puesto el cinturón de seguridad como un bebe en un carrito, está protegido por un airbag y respira aire acondicionado Escucha música o fútbol.

Se encuentra dentro de una placenta con ruedas… Pero de alto riesgo.

Ya que los coches pueden alcanzar velocidades muy altas, lo lógico hubiera sido hacerles de algún material elástico y fácil de reparar, limitar a velocidades sensatas, su capacidad de correr, eliminar el cristal, el plástico duro y todo lo que puede herir. De esta forma, los coches hubieron podido chocar entre ellos y contra muros y árboles sin riesgo y sin romper nada.

Pero en aquel caso, claro, no serían rentables.

Como no ha sido así, las personas conducen con miedo (cada año en el mundo: 1.200.000 muertos…. sin hablar de los heridos, lisiados y arruinados). El miedo conlleva la agresividad, al igual que la intoxicación por gasolina.

Tu amigo, tan buena persona caminando, una vez al volante no deja de comentar el comportamiento de los demás conductores: “¡Torpe! ¡Hijoputa! ¿Hay que ver! ¡Que no, que no te dejo pasar! ¡Sinvergüenza! ¿Te ha tocado el carné en una tómbola?”.

El vocabulario del coche es muy limitado. Utiliza el mismo sonido para protestar o amonestar que para celebrar una boda o la victoria del equipo local.

Si no se baja la luna para proferir insultos, se pita. (El tiempo que se pierde en pitar, si se utilizara para reaccionar utilizando los mandos, bastaría posiblemente, para evitar muchos accidentes.)

El conductor con su estrés, se vuelve hasta legalista: utiliza el claxon para amonestar a cualquiera de sus semejantes que cometa un fallo. Como está asustado y estresado, demuestra todos los síntomas de lo que en Medicina Tradicional China se llama el Fuego de Corazón: excitabilidad, irritabilidad, impaciencia, intolerancia, nervios a flor de piel, prisas.

Si añadimos a esto, el hecho que una proporción muy grande de la población se está medicando y drogando, podemos decir que es un milagro que, desde la introducción del coche en España, sólo ha habido 285.000 muertos y 16 millones de heridos. (Navidad 2.008)

Sabemos todos que el coche además de peligroso en sí, emite CO2 con las consecuencias conocidas… es sucio, huele mal, se compone de materia prima tóxica, hace ruido, mata a muchos animales, ocupa mucho espacio, hace inhabitables a las ciudades, obstruye las aceras, no deja a los niños jugar en la calle, endeuda a la mayoría de la población, hace inutilizables por carreteras y autopistas, millones de hectáreas de buen campo, utiliza petróleo (a la vez un casus belli permanente y el carburante que hace posible las guerras …)

Sin embargo, los lemmings siguen comprando coches.

Diciembre 1.916. Verdun. Los soldados franceses avanzan hacia las líneas alemanas y una muerte segura. Atrapados entre los gendarmes y el enemigo, entre el pelotón de fusilamiento y las ametralladoras enemigas, les queda una única manera de afirmar su humanidad…

….Balar. Como ovejas.

Beee, Beee.

¡Y al matadero!

Y el lemming: ¿Qué ruido hará? ¿Bocinazos?

L’homme n’est qu’un roseau, le plus faible de la nature; mais c’est un roseau pensant. Il ne faut pas que l’univers entier s’arme pour l’écraser : une vapeur, une goutte d’eau, suffit pour le tuer. Mais, quand l’univers l’écraserait, l’homme serait encore plus noble que ce qui le tue, puisqu’il sait qu’il meurt, et l’avantage que l’univers a sur lui, l’univers n’en sait rien.

Eso era Pascal. Antes de la primera revolución industrial. La nobleza del ser humano, un junco pensante, consciente todavía del universo que le aplasta sin saberlo.

Louis-Ferdinand Céline…

… un escritor maldito del siglo pasado, combatiente herido en la Gran Guerra, describe como los soldados comían antes de ser enviados a la muerte:

Ainsi le mouton, sur le flanc, dans le pré, agonise et broute encore.

El borrego tumbado en la pradera,  que agoniza y sigue pastando, es como el lemming que, agotando los recursos planetarios, continua consumiendo todo lo que le echan.

Sin balidos siquiera. Ni pensante ni consciente.

Capaz es incluso, de llevar bolsas de plástico  con el eslogan:  ¡NO SOY TONTO!


Miradles por ejemplo, en sus atascos, encapsulados en sus pequeñas placentas metálicas, ahumándose en sus propios gases de combustión, en cada coche un lemming, tal vez dos, raras veces tres o cuatro, dando bocinazos furiosos, de pataleo infantil.

Pero… ¿Qué les habrá pasado de pronto? ¿Una pandemia de otitis? ¿Una locura repentina? Se agarran el oído y hablan solos…

… ¡Ah!… sólo son los teléfonos móviles. Es normal…

Si por un lado tenemos los inconscientes (estúpidos) lemmings consumidores, por el otro tenemos los cínicos lemmings criminales.

Fabricar, promover y vender vehículos, que sean coches o motos, que pueden alcanzar velocidades mortales, es criminal.

Permitir a críos irresponsables que los compren es doblemente criminal.

Fabricar, promover o vender vehículos que contaminan el medio ambiente es criminal.

Convertir campos y ciudades en desiertos de asfalto es criminal.

Lucrarse asegurando a los lemmings contra sus inevitables e estadísticamente planificados accidentes, es criminal.

Financiar estados con impuestos sobre carburantes fósiles y las ventas de coches, es criminal.

Ocupar puestos de responsabilidad en la administración y no intentar frenar la plaga automovilística, es tener complicidad con criminales.

Manipular las mentes indefensas de los lemmings con publicidades que llaman a sus instintos y deseos más viles, para vender coches, motos y gasolina, es hacer apología de la criminalidad… por poco digo “del terrorismo”.

Segunda Ley de King: Cualquier hombre de negocios preferiría destruir el planeta antes de no ganar dinero.

Atrapados entre la imbecilidad consumidora y el cinismo comercial, corremos en masa hacia un suicidio colectivo, o, si todavía estamos capaces de pensar un poco, lucidamente hacia nuestra propia destrucción… lemmings a la fuerza.

Y lo que nos está aplastando (la estupidez de los unos y la codicia de los otros) tiene la ventaja, l’avantage, de no querer saber lo que está haciendo.

Humankind cannot stand very much reality. (T. S. Eliot)

* Hay cuatro leyes de King:

1. Todo lo que se anuncia en la televisión es nefasto.

2. Cualquier hombre de negocios preferiría destruir el planeta antes de no ganar dinero.

3. La maldad tiene solución; la estupidez no.

4. La estética es el criterio de la ética.

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