La linterna de Diógenes

LA CASA DE CHOCOLATE

Posted in Uncategorized by lalinternadediogenes on diciembre 26, 2008

En 1.975 había unos 35 millones de españoles.

Hoy, unos 45 millones. Incluso si hacemos abstracción de las casas que se construyen para venderlas a extranjeros ricos (capos de la droga, maffia. mafiya rusa, traficantes de armas, blanqueadores de divisas, usureros internacionales, dictadores exiliados, famosos, famosos por ser famosos, gánsteres, espías… sin hablar del cementerio de elefantes de los jubilados europeos y japoneses…) es improbable que el aumento de la población española pueda justificar en términos demográficos la construcción tan frenética de tantas viviendas nuevas.

¿Para quien son? ¿Qué pasó con las viejas? ¿Cómo es posible ganar cantidades tan indecentes de dinero gracias a la especulación inmobiliaria?

Podemos por supuesto descontar la necesidad de alojar a los inmigrantes; son extranjeros pobres (más de 3 millones, según tengo entendido) cuya misión es vivir y trabajar en condiciones infrahumanas y tercermundistas (normal, visto de donde vienen…

… tienen suerte de estar aquí) y a quienes ninguna persona respetable alquilaría (y para quienes mucho menos mandaría construir) una vivienda: se meten hasta 36 en un solo piso y luego invitan a todos sus compatriotas a venir a ducharse. Hablan fuerte, se multiplican mucho, venden kleenex en los semáforos, mandan dinero a sus países, forman pandillas de delincuentes, ocupan asientos en el autobús…

¿Entonces: para qué tanta vivienda? La respuesta es muy sencilla: En los últimos 30 años, la población oriunda ha engordado mucho.

Hasta tal punto que un piso de 35 m2 no basta para un solo individuo, según las protestas que suscitó una propuesta idealista de principios de la actual legislatura. (Todavía tenían  ideales…  al principio…)

Una familia pos-franquista de 4 almas (es decir 3 coches) necesita mucho espacio vital (sin hablar de los 3 coches y no sabemos cuantas motos y hasta bicicletas) no solamente para su propio sobrecarga ponderal (me encanta este eufemismo) sino también por la cantidad de trastos que acumula en su ansía consumidora: aparatos electrónicos de todo tipo, autómatas programables, ropa de las rebajas, vajilla que se les regala al abrir una cuenta corriente, souvenirs de viaje, aparatos para hacer gimnasia en casa, regalos de amigos bienintencionados, peluches y pósters de estrellas de cine, aparatos para hacer gimnasia abandonados, los inevitables horrores que se traen de Ikea, más ropa de modas que han durado seis meses y luego más zapatos y todavía más trastos. Ya no entra todo en las casas de hace 30 años, no con tantos enseres y tantos kilos.

Contemplando, por ejemplo, a muchos de mis vecinos sevillanos, veo que es excepcional aquí que un hombre pese menos de 100 kilos o una mujer menos de 80. Super Size Seville. ¿Será por la dieta mediterránea?

Muchos de entre ellos sacrifican toda su juventud presentando oposiciones para luego poder dedicar toda su vida laboral a pagar una hipoteca y después poder pasar la vejez en una residencia. Las antiguas viviendas no dan abasto. La banca y demás usureros se frotan las manos, siempre dispuestos a financiar.

Así la estabilidad política está asegurada: una población hipotecada tiene mucho cuidado de no provocar sobresaltos sociales y es, por definición, insolidaria y por tanto, dividida.

Somos los cómplices y co-artificieros de nuestra democrática abyección, de nuestra vida carente de ideales, de creatividad y de auto-realización en el trabajo y fuera de él, con la consecuente frustración que esto causa. Dicha frustración provoca, entre otras cosas, la angustia de comer y de consumir.

La Banca financia a las multinacionales (o al contrario, o son lo mismo, o vete a saber, las Islas Caimán están muy lejos y los suizos no hablan…)

La comida de supermercado engancha y engorda. La mercancía que bombea las grandes superficies a las casas se acumula, atonta y asfixia. Nos ahogamos en la prosperidad de nuestra propia grasa y nos consolamos con esta bulímia inducida que hace funcionar la economía.

¿La economía? Del griego oikos, casa y namein, administrar.

La administración, oikonomia, de una casa, familia o hogar, de manera “económica”, es decir ahorrativa.

El sentido moderno de la palabra (administración de un estado o empresa con el único fin de sacar beneficios para la clase social que detenta el poder, sean cuales sean las consecuencias) aparece – como tantos otros males – durante los siglos 19 y 20.

Oferta y demanda. Y parece ser que la demanda es mayor que la oferta. Una demanda hábilmente manipulada. Una oferta muy lucrativa. ¿Os acordáis de Hansel y Gretel?

Perdidos en el bosque, encuentran una casa hecha de pan (versiones posteriores dicen que es de pan de jengibre), con ventanas de azúcar, la cual empiezan a comer. La habitante de la casa, una vieja mujer, los invita a entrar y prepara un banquete para ellos. La mujer, sin embargo, es una bruja que ha construido la casa para tentar a los niños, y así ella pueda cebarlos y luego comerlos. La bruja encarcela a Hansel, y hace a Gretel su sirvienta. Mientras ella se prepara para hervir a Hansel, la bruja le dice a Gretel que se meta dentro de un horno para que se asegure que está preparado para cocer… (Wikipedia)

El cuento termina bien: los niños encierren a la bruja en el horno y se escapan.

Dudo mucho que tengamos la misma suerte. La versión española hace que la casa no sea de pan (de jengibre) sino de chocolate. Por algo será.

The goals of corporate consumerism require that we accept its values, that we fail to seek better alternatives, that we reject the possibility of finding better alternatives (‘psycho-babble’), that we fail even to see the existence of a problem to be solved, that we therefore live according to an entirely inadequate set of values, that we therefore live in complete confusion, that we therefore suffer profound and devastating psychological, physical and environmental disease; that we suffer and, if necessary, die for profit.

(Las metas del consumismo corporativa exigen que aceptemos  sus valores, que fracasemos al buscar alternativas mejores, que rechacemos la posibilidad de encontrar alternativas mejores (“jerga psicológica”), que fracasemos hasta en poder percibir la existencia de un problema que se puede resolver, que vivemos por tanto en un estado de confusión absoluta y que suframos por tanto una enfermedad psicológica, física y medioambiental profunda y devastadora; que sufrimos si necesario, morimos, por el beneficio.) –David Edwards.

Advertising may be described as the science of arresting the human intelligence long enough to get money from it.

(Se puede describir la la publicidad como la ciencia de parar la inteligencia humana lo bastante tiempo para obtener dinero de ella.) –Stephen Leacock.


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