La linterna de Diógenes

MARCAS

Posted in Uncategorized by lalinternadediogenes on diciembre 26, 2008

Antiguamente se marcaba a criminales y esclavos.

A las prostitutas se les quemaba una P en la cara o en un pecho. A los traidores se les cortaba orejas y/o narices. A los ladrones, la mano. Se sigue marcando a las bestias con el símbolo de sus propietarios. A los judíos de los campos se les tatuaba el antebrazo. Las mujeres adúlteras son mujeres marcadas.

La policía guarda ficheros de malhechores y sospechosos. La CIA y similares guardan ficheros de todo el mundo. Para saber las costumbres de las aves migratorias, se les captura para fijar anillos en sus patitas. Cerdos, ovejas y vacas llevan marcas grapadas en la oreja (la izquierda para los machos, la derecha para las hembras, según las leyes del yin/yang), O, ya cargada de íntimos piercings, es marcada con hierro por Sir Stephen.

Supongo que sólo este acto supremo de sumisión masoquista puede explicar la obsesión actual con las marcas. En el mundo del consumo de mercancías, se compran marcas, se venden marcas. Existe incluso toda una contra-industria sumergida de marcas falsas: relojes Rolex, zapatillas Nike, Chanel Nº 5… Mientras tanto, el mercado “legal” es insaciable e infinitamente manipulable por el márquetin.

El profundo esnobismo que acompaña el masoquismo de las marcas se extiende a todos los objetos comerciables, sin excepción. Hasta condones,

papel higiénico y compresas se conocen y se compran por sus marcas. Los consumidores no solamente ostentan la marca de su coche/prenda/reloj en el mismo objeto, sino también se pasean orgullosamente con las bolsas que anuncian la empresa que ha aceptado el sacrificio de su dinero, haciéndole publicidad gratuita.. (No es igual pasearse anunciando “OYSHO” que “ANTONIO LÓPEZ”, oir misa en latín que en español).


Esta abyecta entrega se extiende también al propio cuerpo. Personas de distintos sexos se cubren de tatuajes, como si de leales yakuza se trataba.

Otras se inserten anillos o barritas de metal no solamente el las partes visibles sino también en las más íntimas del organismo.


Esta abyecta entrega señala la gran victoria de este monstruoso objeto de adoración que llamamos, como Dios, por muchos nombres:

SOCIEDAD DE CONSUMO,

PRODUCTORISMO,

MATERIALISMO ECONÓMICO,

CONSUMERISMO CAPITALISTA,

COMERCIALISMO,

POSTMATERIALISMO, etc., etc.

Poco importa el nombre de la deidad: lo que importa es comulgar sin cesar, comprando sin necesidad y a la vez llevando marcadas en la misma carne las estigmas de la entrega total. Para entendernos, se le adorará en el presente blog bajo el nombre de DIOS DE LAS MARCAS.

El verdadero consumo sin embargo, no es de los gestos religiosos de los estigmatizados ni tampoco de su dinero. Es el consumo, por el Dios de las Marcas, de los mismos consumidores. Cuerpo y alma.


Los sacrificios humanos de la antigüedad, por muy espectacularmente espantosos que puedan parecer, son trabajos de aficionado al lado de lo que se ha conseguido en los últimos cien años. Por tres razones:

1. Una vez sacrificados, las víctimas no eran reutilizables

2. Solo se sacrificaba a una minoría de la población.

3. No hacían funcionar la economía

Egipcios, Judíos, Aztecas, Mayas, Cazadores de Brujas, Fenicios, Griegos y Romanos, Celtas, Vikingos, Hindúes, Africanos, Japoneses, Chinos, Gobernadores de Texas, Comisarios Estalinistas, Nacional Socialistas, Dictadores, Jueces según las leyes Romanas, Anglosajonas o de la Sharia, todos han disfrutado en su momento del poder de sacrificar víctimas humanas a diferentes Dioses o credos. Algunos siguen gozando de este poder tan placentero.


Pero ninguno ha conseguido un éxito tan total como el Dios de las Marcas.

Claro, se pierde la alegría erótica de una ejecución pública…


como la de Eugen Weidmann, en Versailles, en 1.939. (Pero Hollywood suministra sustitutos anodinos y nos queda el vídeo de Saddam y todas las lapidaciones y mutilaciones de la Sharia).


Las víctimas del Dios de las Marcas ellas, pueden ser reutilizadas casi indefinidamente, desde muy pequeños hasta sus muertes “naturales”.

¡Rentabilidad.Colosal!

Una vasta mayoría de la población mundial se ofrece voluntariamente, más bien se precipita, para ser sacrificada. Como signos de su entrega, cultivan las marcas de lo que consumen según las bulas y ukazes televisivas y otras; cubren sus cuerpos de tintas, prendas y metales simbólicos de su manso conformismo, amuletos de su fe, haciendo público su obediente adoración y su rechazo de la libertad.

Ya no es necesario pasear el brazo de Santa Teresa… basta con un tatuaje o un anillo en el ombligo.

Un objeto de consumo, una vez comprado, pierde interés y hay que comprar otro. Después del Consumatum est: la resurrección. Es un reciclaje continuo.

Para ser digno de ser sacrificado sin embargo, se necesita dinero, o por lo menos un sucedáneo plástico. Para conseguir dinero, o tarjeta de crédito, hay que trabajar. Si se trabaja honradamente, el Dios de las Marcas recibe no solamente el fruto de tu trabajo sino también casi toda tu existencia: pasarás tu vida repitiendo tareas inútiles y alienantes cuando no nefastas, en sus altares. Si logras sin embargo, pisar el cuello a un número suficiente de tus semejantes, llegaras a la jerarquía (del griego hierarchia: “sacerdote supremo, conductor de ritos secretos”) y podrás sacrificar a los demás mientras te sacrificas a ti mismo. (Si te sorprenden trabajando ilegalmente, serás sacrificado debidamente al Dios de las Leyes y de la Expediencia, en el Gulag americano o su equivalente local.)


Un sistema perfecto.

Decía Blake:

Prisons are built with stones of Law.

Brothels with the bricks of religion….

“Cárceles se edifican con piedras de ley/ Burdeles con ladrillos de religión…”

De haber conocido los tiempos del Dios de la Marcas, tal vez hubiera querido añadir:

Empty lives are filled with barcodes: (Vidas vacías con códigos de barras.)


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