La linterna de Diógenes

Y EL HOMBRE SE HIZO ANDROIDE

Posted in Uncategorized by lalinternadediogenes on diciembre 26, 2008

Un androide es una máquina fabricada a su imagen por el hombre.

Podemos decir que somos los androides de Dios. (Génesis 1, 27)

Deioides.

 

“Robot” conlleva la noción de trabajo manual; “androide” de una programación casi humana dentro de una forma humana.

El cine y la ciencia ficción, dos campos donde el inconsciente colectivo resuelve sus problemas profundos, se han interesado mucho por los androides y los robots.

El éxito del cine y de la ciencia ficción se debe precisamente, a nuestra necesidad de desenmarañar en sueños, nuestros líos mentales.

La función social de Hollywood & Cia, es de liberarnos oníricamente de nuestros miedos, culpas, aprensiones, represiones, complejos y deseos de venganza.

Si pasamos (los que podemos) 8 horas durmiendo, dedicamos también una cuantas horas más a consumir sueños prefabricados, con la esperanza de ver resueltas a un nivel más consciente, nuestras contradicciones, personales y sociales.

El cineasta o el escritor es a la vez taumaturgo y chamán.

¿Será por esto que las denuncias cinematográficas no surten efecto? El Jardinero Fiel o El Sastre de Panamá, Wag the Dog y las películas de Costa Gavras han sido vistos por millones de personas; Nosotros, El Mejor de los Mundos y 1984 leídos por más millones todavía.

Nada ha cambiado. Me recuerda lo que decía Piscator de los compartimentos mentales herméticos de los altos mandos nazis que aplaudían su teatro revolucionario en el Berlín de los años 30.

O tal vez sea la razón otra… A menos de ser Macbeth o Calpurnia (la Sra de Julius Caesar) – nos despertamos de nuestros sueños y seguimos como antes (o peor) ya que si la experiencia onírica, si no ha resuelto nuestra contradicción interna, nos habrá por lo menos permitido justificarla a nosotros mismos y adaptarnos a ella.

El arte “de protesta”, difícilmente puede surtir efecto. Tiene el mismo papel social que los psiquiatras: reintegrar los desviados antisociales en el “sistema”. El cineasta o autor funciona como terapeuta.

***************************************************************************

¿Cómo se fabrica un androide?

Una tecnología “avanzada” no es necesaria. Ni la robótica japonesa, ni el Doctor Frankenstein, ni la investigación genética, ni tampoco la neurocirugía cerebral pueden hacer lo que ya se está haciendo.

La tercera revolución industrial, la de la cibernética, está consiguiendo crear androides, sin emplear la “ciencia” para intervenir físicamente en los organismos.

Hemos llegado al taylorismo mental.

Los que pasan su “jornada laboral” delante de un ordenador, que sea al servicio del estado o del “privado”, administrando asuntos que ni les conciernen ni les interesan, destruyen su almas; son los robots del sector servicios y del funcionariado

¿Cómo se puede llamar un ser sin alma?

¿Quién manda: el hombre… o el ratón?

Conducir un coche implica someterse a las órdenes de luces, contadores y ruidos; los “mandos”…  como en un videojuego.

Cada consumidor lleva consigo un teléfono móvil…

(¿Cómo coño pudo llegar Marco Polo a la China sin teléfono móvil? ¿Y si le hubiera cacharao el dromedario en Samarkanda?)

La cocina se hace con microondas y temporizadores.

Madrid parece  Metrópolis.


En el aeropuerto, el pasajero no es capaz de ir a la puerta de embarque: se tiene que dirigir.

En los semáforos, un contador verde nos dice cuantos segundos tenemos para cruzar la calle.

(¡Infelices los ancianos, cojos, ciegos, soñadores, padres con niños chicos y otros residuos humanos!)

Es insólito andar por la calle o hacer footing, sin tener algo enchufado en los oídos.

Para entrar en los EEUU o entrar de nuevo en Disney World, se exige la toma de medidas biométricas.

Etc.

Lo dijo Thoreau, allá por el siglo 19: Men have become the tools of their tools, los instrumentos de sus herramientas.

Philip K. Dick, un profeta de nuestros tiempos, escribió el libro ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas? – de donde se sacó la película Blade Runner.

Los androides, en su libro, son una replica casi perfecta de los seres humanos.

Sólo les falta el sentido de empatía.

(Dice Wikipedia, hablando de la novela:

Es necesario (…) aplicar tests como el de empatía de Voigt-Kampff para diferenciar humanos de androides. El test mide la actividad cerebral y el movimiento de los ojos en respuesta a disparadores emocionales, muchos de los cuales involucran maltrato a los animales. Como los androides no pueden sentir empatia, su respuesta emocional es significativamente diferente a la de los seres humanos.)


 

Lo del “maltrato a los animales” es curioso; en el mundo de Blade Runner, tener y cuidar un animal se considera una virtud cívica y un símbolo de estatus social, dependiendo de la rareza de la especie.

Vivimos nosotros, en un mundo donde el W.W.F. comparte espacio con la Meatrix… un mundo donde se protege al lince ibérico y se practica la vivisección.

La empatía se demuestra en las relaciones humanas, en la “educación” o en las “buenas maneras”. Es un lubricante social. La cortesía se define por ceder ante el más débil, por dar preferencia a otra persona, que sea más necesitada o no. Es de “caballeros”.

Antiguamente, la solidaridad era una forma de empatía, la de la conciencia de clase. Se adhería a la causa de otros de la misma clase o a la de las víctimas de la misma suerte, para apoyarlos y proteger a la vez los propios intereses.

Desapareció con la tercera revolución industrial cuando los “ciudadanos” se atomizaron, convirtiéndose en pantallas, automóviles e hipotecas.

El coche es el ejemplo soberano de la robotización. Hace muchos años se solía bajar el cristal para, en el caso de los camioneros (cuando todavía eran “amigos conductores” y no emuladores de la película Duel… otro ejemplo de cómo el cine procura resolver nuestras contradicciones por medio de sueños despiertos)… se solía bajar digo, el cristal para señalar manualmente a otro conductor que podía pasar.

Se solía parar también, para indicar a un peatón que pasara por favor, sin miedo. Hoy ya, si se baja un cristal y no nos arrolla con un tsunami de decibelios, será para tirar algo de basura o enseñar el dedo corazón.

Si un conductor ve un peatón cruzando sin la protección (dudosa) de un semáforo, acelera.

Lo peor es que los de a pie empiezan a creerse coches, hasta salen a correr por la calzada.

En un mundo de libre mercado (¿libre pare quién?) si alguien es cortés, o sonríe, o se viste con elegancia, es que quiere vender algo, timar o prestar dinero con intereses.

Dentro de los ciborg – híbrido de hombre y robot – sin embargo, quedan todavía restos de humanidad. Basta con preguntar el camino: la gente suele ser muy amable. Preguntarle el camino a alguien y muchas veces se el brinda la oportunidad de redescubrir por unos instantes, su solidaridad humana.

Ha sido necesario promulgar sin embargo, una ley castigando “la no-asistencia a personas en peligro.”.

Hace unos años, la RENFE organizó una campaña para animar a sus empleados a sonreír. En vano, me temo…

Nos quedan emociones verdaderas, pero no siempre la sinceridad es socialmente aceptable. Zhuangzi, lo más probable, estaría en tratamiento psiquiátrico o encarcelado.

O iría al cine…

Claro está, el proto-androide que somos, tiene necesidad – todavía – de emociones “humanas” socialmente aceptables, lo que significa que está viviendo una mentira interior… Pocas emociones socialmente aceptables son “autenticas”, en el sentido existencialista. El “sistema” procura buscarles sucedáneos: la vida de los famosos, las telenovelas, el fútbol, el odio colectivo organizado, las familias reales, los 40 Principales, la moda, la Navidad… Dios…

Volvemos a ¿Sueñan los Androides con Ovejas Eléctricas?

Según Wikipedia:

Otro de los instrumentos de la novela es el “Órgano de Ánimos Penfield”, llamado así por el neurólogo Wilder Penfield, que induce emociones en los usuarios. El usuario puede marcar un número y experimentar de forma automática cierto humor o emoción. Ejemplos incluyen: “Conciencia de las múltiples posibilidades que el futuro me ofrece” (481), “Reconocimiento satisfactorio de la sabiduría superior del marido en todos los temas” (594), “Deseos de ver la televisión, no importa lo que haya” (888) y “Deseo de marcar” (3). Muchos usuarios tienen un programa diario de ánimos.


El icono cultural más significativo de la tierra es el “Amigo Buster”, el jovial presentador del “talk show” de humor “El Show del Amigo Buster”, que hace simultáneamente un programa de radio y televisión 23 horas al día.

La novela de Dick data del año 1.968, fecha que marcó el fin simbólico de la segunda revolución industrial, con unas revueltas contra la reificación de la vida cotidiana y a favor de una versión rejuvenecida, romántica y libertaria de los valores morales de anteriores revoluciones.

Duró un mes. No recibió el apoyo de las poblaciones y terminó en  un inofensivo postmodernismo.

¿Podemos echar la culpa de nuestra situación actual, únicamente a los “avances tecnológicos”? Sería una coartada demasiado fácil. En teoría, debería de ser posible mantener un equilibrio entre la pavlovización cibernética y la naturaleza humana, entre unas herramientas útiles y el mantenimiento de valores “humanos”.

¿Dónde está el fallo?

Yo diría – y no estoy solo, según parece – que es debido a la degeneración (intencionada o no) de la semántica. El lenguaje público está a la merced de políticos, multinacionales, burócratas, Bildebergers, usureros y toda clase de estafadores.

Las palabras pierden diariamente más sentido. Son como glaciares fundiéndose en el efecto invernadero.

¿Cómo es posible comprar “croquetas caseras” en un supermercado? ¿Responder a una invitación por parte del Ayuntamiento de dar “una vuelta urbana por la ciudad” en bici? Asistir a seminarios de Rosacruces donde se busca “el auto-conocimiento de uno mismo”? ¿Invadir un país en nombre de la “Libertad Duradera”? ¿Llamarse “socialista” y privatizar los mecanismos sociales? ¿Construir un “edificio sostenible”?

No es double-think siquiera. Es retórica vacía casi tan insípida como una fruta de la Monsanto o la carne de un pollo de batería. Es el embalaje del alimento intelectual que suministran periodistas, políticos, agencias de publicidad y “relaciones públicas”, a unos pueblos cada día más cerebralmente muertos: los equivalentes mentales de estos obesos que sufren desnutrición. Los Super Size Me con derecho al voto.

¿Cómo se puede discutir o contradecir un lenguaje que no quiere decir nada, que está compuesto de clichés, frases de moda, galimatías burocrático y jerga de marketing?

Pues.. de la misma manera que se puede metabolizar un Happy Meal, chez Macdonald, (cuya meta declarada es “fomentar estilos de vida saludables en nuestra sociedad”.)

Tal vez la lucha para salvar el lenguaje sea las primera prioridad de las personas todavía capaces de ser libres; sólo entonces, las demás luchas podrán tener éxito. Sin palabras con sentido, no podemos hacer nada: nos faltan medios. Estamos haciendo ladrillos sin paja. .

Cada vez que las oímos o utilizamos palabras como:

LIBERTAD, CIUDADANOS, MEDIOS DE COMUNICACIÓN, PRODUCTO, RANKING, CONFIAR, RENTABILIDAD, DEMOCRACIA, SEGURIDAD, SATISFACCIÓN, ESTILO DE VIDA, ECOLOGÍA, SEXO SEGURO, ISLAM, DERECHOS HUMANOS, EL FUTURO, RESPONSABILIDAD, TERRORISMO, PACIFICACIÓN, JUSTICIA, BIENESTAR, REALISMO, DIÁLOGO, PREEMPTIVO, PRESTACIÓN, AYUDA HUMANITARIA, EFICACIA, SOLIDARIDAD, NATURAL, FIBROMIALGIA, INTERACTIVO, GUAI, GLOBALIZACIÓN, COMPETITIVIDAD, SOSTENIBLE, SUBSAHARIANOS,

ETCETERA,

ET

CETERA …

… preguntemos lo que quieren decir.

Por algo hay que empezar.

Según Philip K Dick: The Basic tool for the manipulation of reality is the manipulation of words. If you can control the meaning of words, you can control the people who must use the words.

(La herramienta Básica para la manipulación de la realidad es la manipulación de las palabras. Si se puede controlar el significado de las palabras, se puede controlar a las personas que tienen que emplear estas palabras.)

No podía prever este gran autor, el día en que las palabras no iban a significar nada, que serían un ruido que se oye pero no se escucha, como el hilo musical.

Technology is a way of organizing the universe so that man doesn’t have to experience it.

(La tecnología es una manera de organizar el universo para que el hombre no tenga necesidad de sentirlo/experimentarlo.)
— Max Frisch

 

Una respuesta

Subscribe to comments with RSS.

  1. aclisi said, on noviembre 18, 2010 at 7:24 pm

    Hola:Z


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: