La linterna de Diógenes

EN EL PAÍS DE LOS ANDROIDES…

Posted in Uncategorized by lalinternadediogenes on marzo 13, 2010

¿Os acordáis de la Jihad Butleriano? ¿En los libros Dune?

http://es.wikipedia.org/wiki/Yihad_Butleriana

Yo sí. Así de viejo soy.

Me preguntaba entonces porqué se había imaginado una cruzada contra algo que parecía tan útil como la cibernética, para reemplazarlo con cosas tan tenues como la intuición, la capacidad de doblar el espacio gracias a la droga melange,

la  facultad calculadora de los mentats, y el entrenamiento marcial.

Ahora estoy empezando a comprender…

Si dejo la puerta del frigorífico abierto, el autómata programable empieza a pitar.

Cuando mi hija se calienta una pizza, el temporizador le avisa de la cocción del  plato casero-industrial, con un timbre parecido al de  un  despertador.

No tenemos (ni queremos) microondas, pero supongo que nos alertaría  de la misma manera.

O con luces parpadeantes.

El aire condicionado no se deja encender o apagar sin un pitido (o dos.) Lo que forma sin duda, parte del condicionamiento…

No tengo coche (ni quiero, la verdad) pero cuando monto en uno y no abrocho mi cinturón de seguridad… el vehículo pita.

Existen aparatos dentro de los coches que dicen por donde hay que ir. La información se transmite, según me cuentan, desde satélites.

El que conduce el coche, obedece a luces de diferentes colores y  a diversos estímulos visuales y auditivos electrónicos. Su eventual frustración sólo se puede aliviar con el uso de su claxon  o  su rabia verbal contra los demás automovilistas: es lo único que le queda de humanidad.

Cuando mi carnet de jubilado  toca la pantallita de control del autobús, se oye un  piip… y se me admite al seno del vehículo.

No tengo teléfono móvil… ni quiero…  pero cada vez que entablo una conversación con alguien,  a mi interlocutor se le llama por su inseparable aparatito, con una musiquita o una vocecita estúpida…  y nuestra conversación  se desvanece.

Si me olvido de dejar el auricular descolgado, el teléfono llamado fijo,  puede, y suele, interrumpir la paz de la casa o del trabajo, en cualquier momento… normalmente en el momento menos oportuno.

Cuando suena el teléfono, la perra, contenta de vernos correr de manera  tan pavloviana hacia el artefacto, ladra y salta de alegría.

Lo mismo lo hace cuando suena el timbre del portero (automático).

Si quiero cruzar una calle importante, no solamente tengo que dejarme avisar por unos sonidos aviares, sino también constatar en un semáforo, el número de segundos que me quedan, para poder ser arrollado ilegalmente.

(Para cruzar la Avenida de Kansas City, aquí en DSC, dispongo de 36 segundos en un sentido y 33 en el otro.)

Existen “mandos a distancia”…  (¿Quien manda a quien y desde donde?)

Para cambiar de canal de la televisión (otro azote electrónico)  pulso inevitablemente, el botoncito que no es, y pierdo lo más importante de lo que estaba intentando ver.

(Mucho me temo que mi programación no esté perfecta.)

La medicina se ha informatizado. El médico ya no mira al paciente: manda y estudia todo tipo de análisis, resonancia magnética y tal, para poder mandar la química protocolaria.

¡Y tiene la máquina que hace piip!

http://www.youtube.com/watch?v=arCITMfxvEc

Las películas que reflejan la vida moderna están llenas de personas pulsando botones, grabando discos, instalando micrófonos ocultos, pasando tarjetas por controles, enseñando sus huellas dactilares y/o su iris a ordenadores, contemplando monitores, programando o desprogramando explosivos, cohetes, listas negras y desastres, entrando en sistemas informáticos ajenos, etc.

Raro es poder ver una película que no tenga efectos especiales hechos por ordenador. Del tiempo de los humanos, el arte quería ser el reflejo de la vida; ahora la vida tiende a reflejar lo que las pantallas dictan.

No sé si somos lo que comemos, pero seguro es que nos vamos convirtiendo  en lo que nos dan de soñar.

Si has dejado algo de metal en tu bolsillo, no podrás pasar por los controles en aeropuertos, museos, Delegaciones de Hacienda y otros edificios oficiales vulnerables al terror, sin que te delate un ruido electrónico. Entonces el policía de turno investigará tu persona con una vara detector.

Todo por tu propia seguridad, claro.

Claro.

Y no hablemos del ordenador, este adictivo devorador del tiempo… Tiene su propia manera de supervisar tu manejo.

(¿Tu manejo? ¡Que va!… La inteligencia artificial, esta Big Nurse que se está encargando de tu lobotomía progresiva, te maneja a tí,  con ruidos impertinentes, contraseñas, jerga incomprensible, exigencia de precisión con el ratón, ofertas de software y pop-ups.)

Y si metes la pata, de pronto resulta que has firmado un contrato con alguien (más bien algo) sin saberlo y que no hay manera de encontrar como dar de baja ni salir de allí. O que vendrá una avalancha de spam  ya que tus datos se habrán vendido a las minerías.

En la interactividad informática, no se puede ganar. En los casinos tampoco.

Si puedes navegar por el internet sin que te ocurra nada de esto, puedes sentirte orgulloso: tu programación es perfecta.

Podrás enviar Powerpoints instando a tus amigos y conocidos, a no tener pensamientos coléricos, rebeldes o “negativos”,  para no dañar sus sistemas inmunitarios.

Mándalos más bien fotos de flores, peces, animalitos, formaciones geológicos, consejos sobre la vida, la amistad, la gracia que tienen los Andaluces, la divinidad, el amor, y si te sientes atrevido, algún chiste de gusto dudoso… Pero si te sientes revolucionario, entonces  algo satírico, incluso cínico, sobre el gobierno, los osos polares, la igualdad de los sexos o los inmigrantes que nos están quitando el pan de la boca. (Jamás hay que sembrar dudas sobre la validez fundamental del “sistema” ni sobre nuestro estilo de vida.)

De esta manera ayudarás a anular cualquier sentimiento de rebelión que pueda subsistir entre los demás lemmings programables. (El mero hecho de pasar horas contemplando los Powerpoints que te mandan, deja cualquiera en un estado de astenia casi absoluta.)

En el pasado, la resignación era cristiana… ahora es cibernética.

¿Cual es peor?

Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. (Mateo 5.5.)

Si queda algo de la tierra, claro. Y si se puede ver en una pantalla.

(Soylent Green: ¿Os acordáis de esta película profética?)

El dedo del ratón…

…da vida virtual.

Existe además, un mundo de videojuegos, wifis, consolas y cosas similares, donde, supongo, todo será similar: control por ruidos electrónicos, luces de color, voces enlatadas y otros estímulos condicionadores de reflejos.

Donde pones la flechita pones la mente.

El llamado ratón se porta como una profesora de piano malhumorada, dándote en los nudillos cada vez que te equivocas de nota.

¿Y estas llamadas que se reciben a la hora de la siesta, por parte de sudamericana/os, que insisten para que uno contrate a Jazztel, pida un préstamo, compre un seguro y cosas parecidas?…

Estos ingratos y seguramente mal pagados trabajos de inmigrante, están en vías de desaparición: ahora se interrumpe el sueño con grabaciones…  pero de las mismas voces de los mismos explotados.

¡Menos puestos de trabajo… menos gastos… más beneficios…tecnología state of the art!… La implacable lógica cibernética del capitalismo…

La realidad se ha convertido en pantallas, pitidos, publicidad  y programas.

La mayoría de la población se pasea, según parece, escuchando cosas enchufadas en los oídos.

Y esto es solo el pico del iceberg…

No sería tan grave si los que creen que están al mando de tanta tecnología cibernética y electrónica, lo estuvieron de verdad.

No comprenden que están siendo programados por los programas. Que la cola está meneando el perro (de Pavlov, por supuesto.)

En la vida de los pequeños androides, la programación empieza muy pronto. Los padres, en cuanto pueden, dan el Playstation a sus retoños, para tenerles callados (al igual que en las ventas, se les da un paquete de Gusanos y un €uro para la maquina de juguetes que vienen en bolas de plástico.

El control sobre del consumidor-lemming es cada día más estrecho y la programación más completa. El lemming se vuelve así más manejable, más supervisado, más explotable, más manso, más obediente.

Las calles y edificios de sus ciudades están vigilados por CCTV.

Ni siquiera la Mossad escapa a esta vigilancia.

¡O tempora, o mores!

Dime:

¿Cuando escribiste una carta a mano por última vez?

¿Sabrías hacerlo? ¿Sin procesador de texto?

¿Sabrías multiplicar y dividir, incluso sumar o restar, sin la ayuda de una calculadora… e incluso así, te fiarías lo bastante de tu propia aritmética mental, para no confirmarla en seguida  chez Cassio?

¿Cual era la última vez que hiciste algo que podía escapar al control de algún artefacto electrónico?

¿Tienes tarjeta de crédito? ¿Débito? ¿Del Corte Inglés? ¿De la Seguridad Social? ¿De Identidad? ¿Del Betis? ¿De los transportes en común?

¿Cómo demonios llegó Marco Polo a China? ¿Sin móvil? ¿Y si le hubiera pinchado el dromedario en Samarkada?

(Hay quien dice que nunca llegó, que lo inventó todo…)

¡Ay!

La inflexibilidad, la falta de imaginación, la falta de creatividad han sustituido a la intuición.

Nuestro mélange es el Prozac, la coca y todas las pastillas que provocan  la carencia de empatía que caracteriza el androide.

¡Tantas miradas sin Shen, sin brillo!

Los aparatos han reemplazado las funciones mentales… y los samuraís de plástico, a los artistas marciales.

La inteligencia artificial se va  convirtiendo los humanos en androides, en cuyo país…

… EL ORDENADOR ES EL REY.

¿Quis custodiet ipsos custodes?

¿Quis programat ipsos programatores?

Ni siquiera es necesario instalar un microchip en el cerebro lemming, como se hace con los criminales.

http://www.conspiracyarchive.com/NWO/microchip_implants_mind_control.htm

El mismo programa está programado para la autoprogramación.  Somos los artífices de nuestra propia androidificación. Y esta programación nos impide protestar, un poco como  la Naranja Mecánica pero a un nivel mucho más insidioso, más subliminal y por tanto, mucho más eficaz.

Me acuerdo de una historia de ciencia ficción que leí hace años, en la cual un hombre sale a pasear (cosa insólita en aquel futuro) y es arrestado por un coche patrulla de la policía con nadie dentro, sólo autoridad electrónica.

Nunca hay que olvidar la definición de un replicante:

Concebidos en un primer momento (a imitación de las historias de robots de Isaac Asimov) para realizar los trabajos pesados, estos seres replicantes fueron perfeccionados haciéndose cada vez más parecidos a un ser humano, hasta llegar al modelo Nexus 6, el más perfecto de todos.

Anteriores modelos eran ya difíciles de diferenciar de un ser humano. Para conseguirlo, los cazadores de bonificaciones, los «blade runners», someten a los sujetos sospechosos a un test de empatía (se supone que los replicantes carecen de ella), la Prueba Voight-Kampff.

K. Dick basa en esta cualidad la diferenciación entre ser humano y replicante. Un imitador de la vida es incapaz de desarrollar empatía, no puede situarse “en lugar de” otra persona o cosa, sólo puede analizarlo racionalmente. En la novela, los nuevos modelos nexus 6 pueden ser capaces de falsear el Voight Kampf, dando un falso negativo. De ahí el problema del protagonista y sus dudas morales al respecto. Cuando la imitación es tan similar… ¿hay verdadera diferencia? ¿Incluso soñaran los androides con ovejas eléctricas? (Wikipedia)

Con mucha frecuencia se recibe y se manda por internet, denuncias de la explotación de los trabajadores del Tercer Mundo, de las mujeres en los sweatshops, de los niños esclavos, de las atrocidades cometidas contra la naturaleza, de los cosechas transgénicas, de la inigualdad de salarios, de las crueles condiciones que tienen que sufrir la gallinas, los cerdos y las vacas, de animales despellejados vivos para obtener sus pieles, de la pena de muerte y las carceles…

Estas cosas salen hasta en las noticias. Se hacen documentales para que todo el mundo sepa.

Everybody knows.

¿Resultado?

Sospecho que el lemming consumidor bien programado será en el fondo de su ser, contentísimo de saber que de esta forma su ropa le sale  más barata, que puede tener un abrigo de pieles y muebles de madera noble, que ganará más que su compañera, que habrá abundancia de carne. que los criminales tendrán el castigo que merecen…

Actuar  según su conciencia significaría perder “calidad de vida”. Hay que eliminar la conciencia.

Si en China, en África y sitios así,  no tienen derechos humanas ni condiciones de trabajo dignas: ¿Qué se lo vamos a hacer? Disfrutaremos de los Juegos Olímpicos, ahorraremos comprando en las tiendas de 20 duros,  iremos de vacaciones a Egipto y tomaremos una buena taza de Cola Cao.

El Doctor Johnson, el lexicógrafo, decía: “Any of us would rather kill a cow than not have meat.”

Por lo menos era sincero y humano el Doctor Johnson; sentía algo por la vaca…


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