La linterna de Diógenes

CÓRDOBA CLAROSCURA

Posted in Uncategorized by lalinternadediogenes on marzo 4, 2011

Ya que no se puede viajar, es nuestro deber hacer turismo…  para consumir tiempo y espacio, ambos ya debidamente privatizados.

Siendo así, hemos ido a Córdoba.

Ha valido la pena.

Llegamos cuando ya era de noche.

Lo primero que se nota es la luz de las farolas.

En vez de despedir una luz icterítica como en tantas ciudades, la iluminación pública aquí es blanca.

Nadie tiene aspecto enfermizo. El claroscuro es agradable, sugestivo. Refleja la contradicción interna cordobesa, pero de una manera agradable.

De día nos sorprendió la limpieza de las calles … veníamos de Sevilla…

¡Córdoba, ciudad sin zurullos! ¡Y con ciudadanos que no arrojan todo al suelo!

El Guadalquivir fluye aquí de manera tranquila pero con una fuerza enorme. Sus riberas están magníficamente silvestres, llenas de fauna y pletóricas en abetos plateados y sauces.

Es agradable perderse en las pequeñas calles donde siempre te espera alguna sorpresa.

No pasan apenas coches. De vez en cuando un taxi… O, fenómeno curioso, vehículos conducidos por niñatos…  un  niñato por coche.

Hay dos maneras de perderse en Córdoba: la primera es intentar navegar por el laberinto de callejuelas con la ayuda del mapa que te han dado en el hotel… y la otra  es seguir tus pies.

En el fondo es fácil: cuesta abajo te lleva al río. Si llegas  a asfalto y coches: estás saliendo del casco antiguo.

Hay bancos públicos en todas partes. Córdoba parece un lugar donde se puede permitir el lujo de sentarse y contemplar.

El autobús público, al llegar a una parada, se vuelca ligeramente hacia la acera para facilitar la bajada, o la subida,  a ancianos, madres con carros y, etc…. luego, antes de emprender de nuevo la marcha, vuelve recta. ¡Muy civilizado!

El ritmo de la ciudad es relajado, como de un pueblo.

Fuera del casco antiguo, hay mucha amplitud, mucho espacio, muchos jardines públicos y explanadas verdes.

El aire es bastante puro: de noche se pueden ver las estrellas y hay liquenes sanos sobre lo que es piedra.

La gente es amable y su sonrisa es auténtica.

No se nota delincuencia, ni drogadictos, ni hechos-polvo.

(No sé si emplean la solución final de Gil y Gil, mandando los indeseables a Mallorca…)

Lo que se ha cometido en la Mezquita aparte, se constata poco vandalismo.

Hay unas floristerías magníficas.

El casco antiguo esta pavimentado con piedras incrustadas, como taracea.

(TRAMPA – ESTO ESTÁ EN LA ALHAMBRA… NO ENCONTRÉ IMAGEN DE CÓRDOBA…)

Córdoba es una ciudad de artesanos también auténticos. Hay mucha atención a detalles. En todo.

¡Platería y el maravilloso mundo de cordobanes y guadamecíes!

Y fuera de las tiendas para turistas, no se aprecia apenas chapuzas.

Alrededor de la mezquita, como es de esperar, se encuentran las inevitables tiendas de pacotilla y mercancía-basura para turistas.

¡Turistas!

La principal ocupación del turista es fotografiar a la novia o  al familiar, y luego dejarse fotografiar, delante de los monumentos, estatuas, etc…. que ni siquiera  mira.

¿Para qué?…

Hay en Córdoba, una clase de naranjo que se adapta muy bien a la topiaria. Se ven también muchas hábiles esculturas en boj y ciprés, y palmeras muy altas y bien cuidadas. Hay muy buenos jardineros.

Gustan aquí, según parece,  los muebles oscuros, pesados y lúgubres. Como contraste, posiblemente, a la luminosidad de la ciudad.

Es un contraste que observaremos en la mezquita, y quizás en el psique cordobés…  un contraste entre el ligero espacio arbórea de la piedra árabe y la pesada y masiva imposición cristiana.

También gustan las pinturas oscuras y lúgubres.

El centro ostenta unos edificios altos, sólidos, comerciales y burgueses, a menudo decorados como pasteles de boda, comparables con Glasgow en sus momentos de fantasía opulenta.

Se nota  – discretamente … y no tan discretamente: una gigantesca Casa Sacerdotal vigila estrechamente a la Mezquita… la presencia católica, comercial e incluso militar.

Gonzalo Fernández de Córdoba, inventor de la guerra de trincheras y creador de los tercios, está presente en estatua ecuestre en esta plaza.

Tiene además su  avenida.

Una ventaja de Córdoba es que no hay tantas cosas que visitar. No hay que pasar el día corriendo de monument en  Sehenswürdigkeit, el guía en una mano, el reloj en la otra.

Hay tiempo para todo.

Hemos comido muy bien en restaurantes agradables, uno de los cuales, El Churrasco, tiene pinturas más interesantes que el Museo de Bellas Artes – que no es mucho decir…

(El Museo Julio Romero de Torres estaba, por desgracia, cerrado. Obras, o algo así).

En el Museo Provincial de Bellas Artes hay muy poco de interés.

Mucha bazofia católica del tipo que satirizaba (?) el joven Murillo…

(Está en Sevilla… ¿Donde si no?…)

… Santas  hembras metidas en carne levantando sus ojos sampaku al cielo…

… Los inevitables lienzos sado-másoquistas…

… y sanguinarios de flagelaciones y crucificaciones, que tanto horrorizan a los turistas orientales…

… Sin olvidar las obligatorias  representaciones de notables locales haciendo buenas obras para asegurarse una plaza en el cielo.

Destacan:  la parte de un Ribera (la parte que no pintó su taller) y un  excelente retrato por Rafael Romero Barros.

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Bueno, estáis a punto de preguntar (si habéis aguantado hasta aquí,):

“¿ Y la Mezquita?… ¿Qué pasa con la Mezquita?”

Habíamos dejado la mezquita para el último día.

Menos mal.

Nos dejó en un estado de shock.

Llenos de indignación y con pésimo sabor de boca.

Cuando entras, la primera impresión te deja sin aliento.

Este enorme bosque-oasis de arcos-palmeras.

¡Ah!

Después de la primera impresión impactante,  se empieza a percibir la especie de limpieza estética que la iglesia ha intentado perpetrar… en concordancia con la limpieza étnica y religiosa que se estaba imponiendo en el exterior. (1)

En medio de esta maravilla, perpetraron, a partir de 1.523,  una catedral, feísima, en el pero estilo y con el peor gusto católico-español imaginable.

Ostentoso, plutocrático, llena de pinturas oscuras y malas, de parafernalia vulgar y sagrada…  valiosos tesoros de nuevos ricos…  oro, plata…

Rodearon todo el espacio del oasis casi, de oscuras capillas con candados, cerrojos y enormes rejas. Según el folleto que se recibe al pagar el cabildo para entrar,  estas capillas:

Son fruto del deseo de los fieles de enterrarse en la catedral, y de poblar los muros de imágenes expresivas del misterio de Cristo (…) fruto de la fe y devoción del pueblo cristiano.

A la Mezquita la rodea una especie de  siniestro Guantánamo inquisitorial, custodiado por cadáveres.

¡Que inseguros tienen que haberse sentido estos iconoclastas sin iconos a clastear… solo arquitectura para afear!… ¡Que mala consciencia tenían que haber tenido para cometer tamaño vandalismo!

Hacen pensar en los Talibanes y las estatuas de los Budas en Bamyan.

Si hubieron querido a todo precio imponer su lamentable versión “cristiana” del judaísmo (este lamentable progenitor de las tres lamentables religiones “del libro”) sobre la versión de los musulmanes (no menos lamentable, que conste)… hubieron podido haberlo hecho con algo bello, y que encajara en el conjunto.

El Islam será lo que es, pero su estética es incomparable.

El mundo entero quiere visitar “la Mezquita”… pero para los cordobeses (para una parte por lo menos)  es “la Catedral”.

Claroscuro… Oscuro dentro de lo claro…

La fe que levantó Chartres…

… por ejemplo, está totalmente ausente  – se había atrofiado siglos antes … esta pura y sencilla fe está totalmente ausente de la brutalidad inquisitorial, del barroco mal gusto de las excrecencias con los cuales  la iglesia católica, en su ciega arrogancia, ha querido señalar la superioridad de su ideologías a las de los viles, vencidos e infieles moros…

Vulgaridad  imperial.

Me había olvidado del obispo de Córdoba….

Demetrio González Fernández.

El insigne prelado que declaró recientemente:

“La Unesco tiene un plan para “hacer que la mitad de la población mundial sea homosexual”.

Y no mucho antes, mantenía en un artículo de opinión publicado en la edición de Córdoba del diario “ABC”:

(…) que el templo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984, es “catedral, sin lugar a dudas”, porque “es un templo de culto católico desde hace ocho siglos”, un periodo en el que la comunidad católica de Córdoba se ha ocupado de su “mantenimiento material” y donde también “celebra diariamente los misterios de la fe cristiana”.

Me sigue encantando lo de los misterios de la fe cristiana…

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Cuando estaba en Moscú en el año 70, creo,  (yo… no don Demetrio… Y preciso rápidamente, antes de que algún obispo o similar grite: ¡Los rojos a Moscú!…  que estaba camino a Japón y que soy más de la bandera negra que de la hoz y martillo… No sé donde se manda a los de la bandera negra… Al paredón, supongo…) y como hacía un frío muy ruso aquel febrero, visité el Museo Lenin, donde compré varios postales donde la cuarta o a veces la tercera, parte estaba en blanco…

Se veía a Vladímir Ilich haciendo sus cosas pero se había eliminado a Trotsky.

Tapando el negativo. Así de sencillo.

Si podéis conseguir el folleto que emite el cabildo del obispado de Córdoba y que patrocina CajaSur, podéis constatar que el espíritu de Stalin no está muerto en el seno de la iglesia… Aquí lo tenéis en Internet…

http://identidadandaluza.wordpress.com/2011/02/21/la-segunda-desislamizacion-de-la-mezquita-de-cordoba-i/

… pero no es igual que tener esta joya en las manos…

¡Un magnífico pretexto para visitar Córdoba!…

(Vale la pena.)

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(1)    (Es curioso que cuando los fotógrafos quieren capturar la belleza de la Mezquita, lo tienen que hacer a ángulos que cuidadosamente evitan los horrores que se han añadido después…)

(Es curioso también que el célebre Patio de los Naranjos era antes el Patio de las Palmeras… ¿Eran la palmeras demasiado africanas para los gustos catolico-romanos?… Se cortaron en el siglo XV…)


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