La linterna de Diógenes

LAS MANOS INVISIBLES

Posted in Uncategorized by lalinternadediogenes on mayo 27, 2012


Pero es sólo por su propio provecho que un hombre emplea su capital en apoyo de la industria;  por tanto, siempre se esforzará en usarlo en la industria cuyo producto tienda a ser de mayor valor o en intercambiarlo por la mayor cantidad posible de dinero u otros bienes… En esto está, como en otros muchos casos, guiado por una mano invisible para alcanzar un fin que no formaba parte de su intención. Y tampoco es lo peor para la sociedad que esto haya sido así. Al buscar su propio interés, el hombre a menudo favorece el de la sociedad mejor que cuando realmente desea hacerlo.

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Mucha razón tenía el famoso guru violetero …

… al pronunciar las palabras profundas:

“Asambleismo, lo contrario de la democracia..”

¡Claro que lo es!

¡Y menos mal!

La democracia, tal como  nos la sirven, y cómo la entiende el televisivo violetero (y, me temo, casi todo el electorado) consiste en elegir un gobierno por mayoría de votos secretos y anónimos.

Votos secretos,  invisibles, ocultos en sobres, depositadas en urnas selladas.

Las urnas se llenan así con los deseos más egoístas, venenosos  y inconfesables  de los electores.

Sentinas democráticas, en peceras de glasnost aparente.

Secretos de confesionario con absolución política.

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OTRA MANO INVISIBLE…

Los intermediarios de comunicación cuando las votaciones,  nos invitan a escoger entre, por un lado, las oligarquías – ex-“gran burguesía” – con sus mercenarios, matones, basura blanca y parásitos feudales, y por otro, los representantes de la pequeña burguesía, los aspirantes a la pequeña burguesía, la misma pequeña burguesía, sus gorrones y sus ilusos con buenas intenciones.

DENTRO DEL GUANTE, LA MANO SIGUE INVISIBLE

En una asamblea sin embargo…  

… ¿Cuantos votantes levantarían sus manos visibles para votar a favor de la guerra, de la alienación, del racismo, de la intolerancia, de la desigualdad, de la corrupción o de la injusticia?

Pocos diría yo. Se les verían las caras…. y las manos visibles…

Sin embargo esto es, efectivamente, lo que hacen cuando eligen por mayoría democrática parlamentaria a los cabrones Judas de turno.

Con manos invisibles…

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Abomino la Sharia…  pero  dentro de su lógica salvaje,  parece consecuente que al ladrón se le corte la mano.

 UNA MANO VISIBLE

Cortar es lo que hay que hacer – legal, simbólica y humanitariamente cuando posible,  por supuesto – con todas estas  manos invisibles que nos están llevando al desastre.

Hombres de negocio, banqueros, neo-con-católicos, accionistas, rentistas,  trepas corporativos, profesionales de la política, economistas…

… la “élite de banqueros e intelectuales” que describe Rockefeller.

¡Varón loco quien edifique una sociedad sobre la falta de ética!

Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé al varón prudente, que edificó su casa sobre la peña;  y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y combatieron aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la peña, y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, e hicieron ímpetu en aquella casa; y cayó; y fue grande su ruina.  Y cualquiera que me oye estas palabras, y no las hace, le compararé al varón loco, que edificó su casa sobre la arena.

EL CAPITALISMO SE DEVORA A SI MISMO.

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*  La isonomía (democracia ética) sólo parece factible por medio de asambleas.

Es imposible que las elecciones por manos invisibles, que llamamos democracia (y-no-lo-es)  puedan ser éticas.

Por lo tanto no pueden ser isonómicas.

* Un Estado o Nación no se puede organizar con isonomía por medio de asambleas, debido a su tamaño.

*  La centralización democrática lleva inevitablemente a una u otra forma de dictadura.

Como dijo Harry S.Truman:

Wherever you have an efficient government you have a dictatorship.

Donde tengas un gobierno eficiente tendrás una dictadura.”

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Nuestro desafío sería encontrar como crear una isonomía, una democracia ética de verdad.

Está claro que por medio de las urnas, jamás lo conseguiremos.

La mano invisible siempre anulará el sentido común.

Si no anulamos la mano invisible antes…

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Hay un texto de Lenin, escrita antes de llegara a Presidente bolchevique, que encuentro fascinante.

(Cartas desde Lejos, abril 1.917).

Conserva frescor, ilusión, una  agradable creatividad…

… y una interesante tentativa de síntesis dialéctica.

Si tenéis un par de minutos para leer a Vladímir Ilich:

Necesitamos un gobierno revolucionario, necesitamos (durante un cierto período de transición) un Estado. Esto es lo que nos distingue de los anarquistas. La diferencia entre los marxistas revolucionarios y los anarquistas, no sólo consiste en que los primeros son partidarios de la gran producción comunista centralizada, mientras que los segundos son partidarios de la pequeña producción dispersa. No, la diferencia entre nosotros, precisamente en la cuestión del gobierno, del Estado, consiste en que nosotros estamos por la utilización revolucionaria de formas revolucionarias de Estado en la lucha por el socialismo y los anarquistas están en contra.

Necesitamos un Estado. Pero no la clase de Estado que ha creado la burguesía en todas partes, desde las monarquías constitucionales hasta las repúblicas más democráticas. Y en ello nos distinguimos de los oportunistas y (…) de los viejos y decadentes partidos socialistas, que han deformado u olvidado las enseñanzas de la Comuna de París y el análisis que de estas enseñanzas hicieron Marx y Engels.

Necesitamos un Estado, pero no del tipo que necesita la burguesía, con organismos de gobierno -en forma de policía, ejército y burocracia (funcionarios públicos)- separados del pueblo y en contra de él. Todas las revoluciones burguesas se han limitado a perfeccionar esa maquinaria del Estado, a trasferirla simplemente de manos de un partido a las de otro.

Por otra parte, si el proletariado quiere defender las conquistas de la presente revolución y seguir adelante, si quiere conquistar la paz, el pan y la libertad, debe, empleando la expresión de Marx, “destruir” esa maquinaria del Estado “prefabricada” y reemplazarla por otra nueva, fusionando la policía, el ejército y la burocracia con todo el pueblo armado. Siguiendo el camino indicado por la experiencia de la Comuna de París de 1871 y de la revolución rusa de 1905, el proletariado debe organizar y armar a todos los sectores pobres y explotados de la población, a fin de que ellos mismos puedan tomar directamente en sus propias manos los organismos del poder del Estado y puedan ellos mismos establecer esos organismos del poder del Estado.

(…)

He dicho que los obreros han destruido la vieja maquinaria del Estado. Más correcto sería decir: han comenzado a destruirla.

Tomemos un ejemplo concreto.

En Petersburgo y en muchos otros lugares la policía en parte ha sido liquidada y en parte dispersada. El gobierno Guchkov-Miliukov no puede restaurar la monarquía ni, en general, conservar el poder sin restablecer antes la fuerza policial como una organización especial de hombres armados a las órdenes de la burguesía, separada del pueblo y en contra de él. Esto es claro como el día.

Por otra parte, el nuevo gobierno se ve obligado a tener en cuenta al pueblo revolucionario, a alimentarlo con concesiones a medias y con promesas, a ganar tiempo. Por ello recurre a medidas a medias: organiza una “milicia popular” con oficiales designados por elección (¡esto suena terriblemente respetable, terriblemente democrático, revolucionario y hermoso!), pero… pero en primer lugar, pone esta milicia bajo el control de los zemstvos y las municipalidades, es decir, ¡¡a las órdenes de los terratenientes y de los capitalistas elegidos según las leyes promulgadas por Nicolás II el Sanguinario y por Stolipin el Verdugo!! En segundo lugar, a pesar de que la llama “milicia popular”, para echar tierra a los ojos del “pueblo”, no llama a todo el pueblo a incorporarse a esta milicia y no obliga a los patronos y capitalistas a pagar a los obreros y empleados el salario corriente por las horas y  los días que consagran al servicio público, es decir, a la milicia.

Esta es la trampa. Así es como el gobierno terrateniente y capitalista de los Guchkov y los Miliukov consigue tener una “milicia popular” en el papel, mientras que en realidad restablece poco a poco, bajo cuerda, la milicia burguesa, antipopular. Al principio consistirá en “8.000 estudiantes y profesores” (como describen los periódicos extranjeros a la actual milicia de Petersburgo} -¡evidentemente una niñería!- y después, poco a poco, será organizada con las antiguas y las nuevas fuerzas de seguridad.

¡Impedir el restablecimiento de las fuerzas de seguridad! ¡No dejar escapar de las manos los gobiernos locales! ¡Organizar una milicia que abarque al pueblo entero, auténticamente universal, dirigida por el proletariado! Esta es la tarea del día, esta es la consigna del momento, que responde por igual a los intereses bien comprendidos de la ulterior lucha de clase, del ulterior movimiento revolucionario y al instinto democrático de cada obrero, de cada campesino, de cada trabajador explotado, que no puede dejar de odiar a la policía, a las patrullas de la gendarmería, a los esbirros de la aldea, el imperio de los terratenientes y capitalistas sobre hombres armados con poder sobre el pueblo.

¿Qué clase de fuerzas de seguridad necesitan ellos, los Guchkov y los Miliukov, los terratenientes y los capitalistas? Del mismo tipo que las existentes bajo la monarquía zarista. Todas las repúblicas burguesas y democrático-burguesas del mundo crearon o restablecieron, después de los más breves períodos revolucionarios, precisamente esas fuerzas de seguridad, una organización especial de hombres armados subordinados, de una u otra forma, a la burguesía, separados del pueblo y en contra de él.

¿Qué clase de milicia necesitamos nosotros, el proletariado, todo el pueblo trabajador? Una auténtica milicia popular, es decir, una milicia que en primer lugar, esté formada por la población entera, por todos los ciudadanos adultos de ambos sexos y que, en segundo lugar, combine las funciones de un ejército popular con funciones de policía, con las funciones de órgano principal y fundamental del orden público y de la administración pública.

Para hacer más comprensibles estas ideas tomaré un ejemplo puramente esquemático. No es necesario decir que sería absurdo querer trazar cualquier tipo de “plan” para una milicia proletaria: cuando los obreros y el pueblo entero la lleven a la práctica, verdaderamente en forma masiva, la constituirán y organizarán cien veces mejor que cualquier teórico. Yo no propongo un “plan”, sólo quiero ilustrar mi idea.

Petersburgo tiene una población de alrededor de dos millones de habitantes; de éstos, más de la mitad oscilan entre los 15 y los 65 años. Tomemos la mitad, un millón. Restémosle incluso toda una cuarta parte: los físicamente incapacitados, etc., que no participan hoy en el servicio público por causas justificadas. Quedan 750.000 personas que, sirviendo en la milicia, digamos, un día de cada quince (y percibiendo el salario de estos días de su patrono), formarían un ejército de 50.000 hombres.

¡Este es el tipo de “Estado” que necesitamos!

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Cuando pienso que todo esto produjó a Stalin, a Beria… y a centralismos incluso más atroces,  lo de ¿Que hay que hacer o no hacer? y ¿Cómo se tiene que hacer? parece muy claro:

O…

Tu dirás…

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En cuanto a la supresión del Estado como meta, nosotros (los marxistas) no nos diferenciamos, en este punto, de los anarquistas.

Lenin: El Estado y la Revolución (1917)

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